Josefina Méndez Gómez

Josefina Méndez Gómez

Ejido Cenobio Aguilar, Chiapas

“Gracias a mi papá, se rompió el patrón. Me enseñó que la ganadería no es sólo cosa de hombres. Me abrió la puerta para aprender, crecer y amar profundamente esta forma de vida. Hoy, junto a mis hermanos, continúo con la crianza del ganado y las enseñanzas de mis padres.”

Cadena productiva

Ganadería silvopastoril

Principales logros implementados

Establecimiento de Cercos vivos – Establecimiento de árboles dispersos

Conoce a…

Josefina Méndez Gómez vive en el ejido Cenobio Aguilar, de Salto de Agua, Chiapas, junto a sus padres, Nicolás Méndez López y Manuela Gómez Díaz, y sus hermanos Jonás y Martha Méndez Gómez.
Desde los 8 años, sus padres le enseñaron a cosechar frijol, calabaza y otros cultivos. A los 16 años, su papá empezó a enseñarle el manejo del ganado: cómo alimentarlo, detectar enfermedades, apoyar en partos, y muchas otras labores. “En aquel entonces, él iba montado a caballo y yo caminando, pero eso no me importaba, porque para mí era una aventura. Me encantaba acompañarlo.”
Después, le mostró cómo cuidar y montar un caballo. Poco a poco le enseñó a ensillar, cepillar, bañar y dominar un caballo. Siempre le decía que para montar había que hablarle bonito al animal, que debía acostumbrarse a su voz. “Recuerdo con cariño mi primera caída al montar… no le dije nada a mi papá, porque me había mandado sola al rancho, como prueba. No quería fallarle.”
Cuando don Nicolás enfermó, Jonás se encargó del rancho, pero Martha y ella decidieron ayudarlo. “Juntos nos enfocamos en continuar la labor familiar. Jonás nos enseñó tareas como sembrar postes, vacunar y bañar el ganado, fumigar, aplicar vitaminas y medicamentos, e incluso enmarcar animales.”
Con el tiempo, Martha salió a estudiar una licenciatura, y Josefina también tuvo la oportunidad de combinar el trabajo con los estudios: trabaja durante la semana como maestra bilingüe, estudia los fines de semana. En vacaciones, regresa al rancho. “Los tres hermanos continuamos trabajando el rancho, por decisión de nuestros padres, que cumplimos con orgullo. Gracias a mi papá, se rompió el patrón. Me enseñó que la ganadería no es sólo cosa de hombres. Me abrió la puerta para aprender, crecer y amar esta forma de vida.”
Hoy, junto a sus hermanos, Josefina continúa con la crianza del ganado y honra las enseñanzas de sus padres, cumpliendo el acuerdo familiar que decidieron mantener con orgullo.

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